El Quimerico Inquilino

martes, noviembre 21, 2006

La parada de los monstruos

882. Podría ser la cantidad de hormonas masculinas que tiene la vicepresidenta del gobierno, pero es el número de personas que se someten a una operación de cirugía estética ¡cada día! Y eso es solo en España. No quiero pensar cuántas serán en Estados Unidos o, lo que es peor, en Damasco. El tema que siempre ha rodeado a éste tipo de operaciones es el famoso lema de ¿natural o antinatural? Parece que esa pregunta va quedando antigua poco a poco, ya la mayoría de la gente acepta ese tipo de cirugía como un recurso normal para solucionar algún supuesto problema. Aún quedan culturas que, por poner un ejemplo, rechazan el apoyo profesional durante el transcurso de un parto. Siempre me ha parecido una insensatez negar los recursos médicos y con la cirugía estética pienso lo mismo. Aún así, todavía quedan muchas personas a las que eso, además de antinatural, les parece insultarse a uno mismo y no aceptarse dignamente tal como se es y, para predicar con el ejemplo, practican una especie de rito antes de salir de su casa y que consiste en echarse un bote de pintura amarilla en la cabeza, hacer dietas que de sanas tienen lo mismo que un sandwich de cocaína y esconderse bajo tanto maquillaje que para saber si hay una mujer debajo hay que utilizar a los perros antidroga.

Es cierto que hay gente que utiliza esas operaciones sin ningún tipo de necesidad y las hay que hasta se hacen adictas. Que le pregunten a Cher, que cada vez que se aburre llama a su cirujano para que le meta mano con el bisturí. O a Michael Jackson, cuya filosofía es que las narices son como los vestidos, hay que estrenar uno por temporada. Luego están las que verdaderamente tienen o creen tener (que a veces es como si fuera lo mismo ya que un problema, aunque sea psicológico, sigue siendo un problema) la necesidad de cambiar una parte de su cuerpo. Dentro de ese grupo es donde entran la gran cantidad de víctimas que la sociedad actual produce y que, por obra y gracia de ella, se ven obligadas a cambiar. No es que no se acepten ellas, si no que no los aceptan los demás. Por eso no me creo con derecho a juzgar a nadie en ese sentido, para juicios de valor ya tenemos suficiente con el dogmático Ratzinger.

Incluso hay empresas que ponen severas condiciones físicas para aspirar a un puesto. En China existen lugares en los que no puedes trabajar si no eres alto y eso hace que en el país hayan aumentado considerablemente las operaciones de alargamiento de piernas. Las laterales me refiero. La de en medio también es otra que cada vez se trata más en una sociedad en la que, tras el boom del porno a finales de los 70, parece que no eres digno de copular si no eres un semental. ¿Qué pasa si eres un caballo del montón, de los de toda la vida? ¿Vendrán unos gangsters a cortarte la cabeza y te meterán en la cama de un productor de Hollywood? Y eso por no hablar de ese hecho tan extendido de contratar solo a chicas que parece que nacieron en la pasarela Cibeles para los puestos de servicio al cliente. Encontrar una azafata fea en el Corte Inglés es tan fácil como encontrar inteligencia en la materia gris de George Bush. Cuanto más progresa la sociedad más exigente se vuelve. Siempre ha habido canones de belleza, en todas las épocas, pero nunca tan impuestos como ahora. La intolerancia campa a lo largo y ancho del globo. ¿Llegaremos a ver algún día el holocausto de feos? Por éste camino no me extrañaría.

No tengo fe en que eso se pueda cambiar dado que las sensaciones de agrado u desagrado de una persona son incontrolables, todavía no hay operaciones de cirugía estética cerebral, aunque serían bastante prácticas en muchos casos. Todo más teniendo en cuenta que yo mismo soy el primero que tengo mis preferencias y si una persona no me atrae físicamente mucho tendrá que convencerme psicológicamente para seducirme. Quién esté libre de pecado que tire la primera piedra. En lo que si tengo fe es en que se puede educar a la gente, aunque sea solo un poco más complicado que enseñar a un cochinillo a tomar el te. Educar en el sentido de que se reduzcan las diferencias entre las personas que cumplen los canones de belleza y las que no, puesto que, a menudo, se rechaza el conocer a alguien solo porque a primera vista no nos ha atraído. Dicho de forma radical, los tratamos como si fuesen monstruos cuando somos nosotros quienes nos acercamos más a esa definición al hacerlo. Vida es sinónimo de injusticia, y en la sociedad actual más que nunca. En éstos tiempos de fusiones y opas hostiles parece ser que el capitalismo, señor de las diferencias por antonomasia, se ha convertido en el mayor destroza-parejas desde Don Juan. Primero distanció a los ricos de los pobres, ahora a los feos de los guapos. Ya sabéis, si algún día os rechazan acordaos de preguntarle a Adam Smith por la familia.

2 Comments:

Blogger Perse said...

Pues tienes mucha razón, la verdad que estoy bastante de acuerdo. se le dá demasiada importancia al físico hoy en día, somos superficiales en general. Sigue haciendo mas cositas asi! ;)

mar nov 21, 09:53:00 PM 2006  
Anonymous Anónimo said...

Simplemente perfecto!

jue jul 26, 10:57:00 PM 2007  

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