Han hallado muerto al niño que yo fui

Eso cantaba Sabina en “Eclipse de mar” y eso nos decimos a nosotros mismos con macabra voz en off en algún momento de nuestros vidas. Es ese instante en el que nos damos cuenta de que esto va en serio. Pero, aún así, la mayoría siguen teniendo algo dentro, como ese niño que se hace mayor y su madre tira a la basura los peluches pero él se esconde uno debajo de la cama y todas las noches antes de acostarse lo saca un momento, lo mira y duerme tranquilo. Ese peluche raído con los años es la esperanza. Ese peluche representa toda nuestra capacidad de creer en las cosas buenas de la vida.
Pero si un día lo perdemos, entonces, todas las columnas que sostienen nuestra vida se derrumban. Porque las personas necesitan creer. Creer en que existe la bondad, porque en eso se basa toda la esperanza humana. Yo he perdido ese peluche. Peor que eso, he tenido que observar como era brutalmente asesinado delante de mis ojos. Entonces he llegado a la siguiente conclusión: la humanidad está podrida. No es cuestión de personas malas y buenas, todos los seres humanos nacemos con esa semilla putrefacta que apesta igual que una fosa común. Estamos condenados a ser egoístas, injustos, perversos...
La humanidad es una manzana con gusano. Es un virus que hace que el ser humano sea una especie autodestructiva. No hay modo de parar eso. Además, actuar siempre haciendo lo que creemos correcto sin desearlo es una hipocresía que no lleva a ningún lado. Pocas personas aguantan vivir así toda su vida, y las que lo hacen no consiguen ningún efecto. Aparte, no se puede decir que lo ideal sea reprimirse. Aquí estamos todos encerrados en una cámara de gas sin espacio,
sin oxígeno y cada vez que nos movemos para respirar le robamos aire al de al lado. Y cuanto más aire respiramos más gas entra para sustituirlo, acabando en el final de una especie que fue mal engendrada. Entonces, recordaré la muerte de mi peluche, aquella pobre e inocente personita de tela cuyo corazón roto era la única cosa mágica que me hacía sentirme verdadera y sinceramente humano.
Pero si un día lo perdemos, entonces, todas las columnas que sostienen nuestra vida se derrumban. Porque las personas necesitan creer. Creer en que existe la bondad, porque en eso se basa toda la esperanza humana. Yo he perdido ese peluche. Peor que eso, he tenido que observar como era brutalmente asesinado delante de mis ojos. Entonces he llegado a la siguiente conclusión: la humanidad está podrida. No es cuestión de personas malas y buenas, todos los seres humanos nacemos con esa semilla putrefacta que apesta igual que una fosa común. Estamos condenados a ser egoístas, injustos, perversos...
La humanidad es una manzana con gusano. Es un virus que hace que el ser humano sea una especie autodestructiva. No hay modo de parar eso. Además, actuar siempre haciendo lo que creemos correcto sin desearlo es una hipocresía que no lleva a ningún lado. Pocas personas aguantan vivir así toda su vida, y las que lo hacen no consiguen ningún efecto. Aparte, no se puede decir que lo ideal sea reprimirse. Aquí estamos todos encerrados en una cámara de gas sin espacio,
sin oxígeno y cada vez que nos movemos para respirar le robamos aire al de al lado. Y cuanto más aire respiramos más gas entra para sustituirlo, acabando en el final de una especie que fue mal engendrada. Entonces, recordaré la muerte de mi peluche, aquella pobre e inocente personita de tela cuyo corazón roto era la única cosa mágica que me hacía sentirme verdadera y sinceramente humano.

7 Comments:
Debemos llevar ese peluche siempre dentro de nosotros... un abrazo de mi peluche interior al tuyo
No pierdas nunca ese poco de niño que hay en ti, Rick. Te hará ser mejor persona.
Un mega-beso.
También te linkeo, con tu permiso.
Alicia, en realidad el peluche es lo único que tenemos de "humanidad".
Lara, te dejo que me likees todo lo que desees. Si fueras un hombre no te diría lo mismo.
yo dormía con un peluche de chip (o chop, nunca supe distinguirlos), aora duermo con lulú, si, es una muñeca hinchable, pero pa no perder ni la costumbre ni la infancia...
Hombre, Jesús David, no se tus costumbres y tu infancia, pero espero que no le hicieses a Chip (o Chop) lo mismo que a la muñeca hinchable. Pobre ardilla. Con esas ideas no creo que te dejen entrar en el parque del Retiro xd
Solamente te puedo responder con un post que escribí hace poco:
http://aiguamel.blogspot.com/2007/04/cmo-vas-vestido.html
Seguir viviendo es seguir mantener en alto la esperanza, eso es lo único que se pierde.
Un abrazo
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